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Elogio de la mujer brava

Miércoles, 09.03.11

fjsA los hombres machistas, que somos como el 96% de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia, como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran jartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos, la barriga), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las mocositas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Héctor Abad Faciolince

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publicado por Fundación Saramago

Hombres contra Berlusconi

Lunes, 07.03.11

fjsUn día, hace años, el escritor portugués –y también italiano, por qué no- José Saramago lanzó un reto público: que los hombres salieran a la calle, sólo los hombres, para decir, alto y fuerte, que ellos no eran maltratadores de mujeres, que no aceptaban la vejación como moneda de uso en las relaciones entre ambos géneros. Añadió que si las mujeres son las víctimas el problema lo tienen hombres, puesto que hombres son los que maltratan, de ahí que los respetuosos, los que tratan a las mujeres como ellos mismos quieren ser tratados, deben manifestarse sin descanso para no ser confundidos con quienes todavía no se han dado cuenta ni del tamaño del crimen ni la bazofia en que se convierten cuando ignoran que las mujeres no son cosas, tienen plenitud de derechos, pueden decir yo sin que nadie las mate, se mofe o las relegue. Iguales ante la ley, iguales en derechos y obligaciones, así en la casa, como en el trabajo, como en la codirección de la sociedad.

Tuvo éxito Saramago: en varias ciudades –Sevilla y Montevideo a la cabeza- miles de hombres respetuosos y educados salieron a la calle condenando la lacra social del mal trato y denunciando el uso que de la mujer hacían ciertos medios de comunicación y determinada forma de sentirse hombre, sería mejor decir macho, incompatible absolutamente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En esas manifestaciones el nombre de Berlusconi estuvo presente y no por los escándalos y atropellos últimos, sino por la indecencia de su comportamiento civil y la falta de ética que él y su camarilla imponían como norma en los medios de comunicación de que se iban adueñando, ya fueran públicos o privados, si tal distinción es posible, ya que todas las señales de televisión son concesiones públicas. Aquellas manifestaciones, que se repiten año tras año hasta que las conciencias más duras entiendan que las mujeres son compañeras y no mercancía para uso personal del macho, aquel mensaje de Saramago sirve también hoy para Italia, la Gran Italia de Verdi, que ha visto a cientos de miles de mujeres, como una inmensa bandera blanca desplegada, diciendo no a una forma de gobernar que no respeta ni a seres humanos ni los conceptos que nos hicieron avanzar a lo largo de los siglos, alejándonos de la horda para ser comunidad.

Por eso, y dentro del espíritu que habitaba en José Saramago y que él agrandaba con su nobleza, me atrevo a sugerir, ahora que las compañeras de Italia, compañeras en el anhelo de un mundo más limpio, más justo y más bello, se han expresado y se expresan cada día, que sean los hombres los que salgan a la calle, sólo los hombres, a decirle a Berlusconi que a sus madres, hijas, esposas, amigas, amantes, a sus otros yoes, a sus semejantes, no se les puede tratar así. Ni en broma. Que el estado no es una orgía, que la esclavitud acabó hace siglos, que las enfermedades físicas o psíquicas tienen cura, que no se puede enlodazar un país porque una persona tenga problemas de autoestima y esa falta de autoestima le obligue a coleccionar cuerpos, como si los cuerpos no estuvieran animados y, tantas veces, corrompidos con todos los sobornos y amenazas. Sí: los hombres que no acepten la distorsión democrática como norma de gobierno, el despilfarro, la arbitrariedad y la falta de respeto para con sus semejantes, esos hombres no tendrán más remedio que organizarse y salir a la calle para decir ya basta, como lo han hecho las mujeres italianas.

Ese día, señalado y principal, en que los hombres salgan a la calle diciendo que ellos no son y no quieren ser Berlusconi, las mujeres, desde las aceras, les aplaudiremos y les echaremos flores. Y luego podremos encontrarnos, de igual a igual, para avanzar juntos en el proceso de humanización que Berlusconi y los suyos frenaron en seco con las peores argucias y las más miserables artimañas.

Hombres compañeros, amigos, amantes, maridos, hermanos y padres: si no sois iguales que esos que repudiamos, si nos amáis y nos respetáis, si participáis de nuestros sueños de un mundo mejor, decidlo sin miedo. Las mujeres no le tememos al ogro y a sus secuaces, sabemos que todos juntos conseguiremos hacer que vuelvan a las cavernas y entre ellos, sólo entre ellos, den rienda suelta a sus instintos, jueguen a lo que quieran, tomen lo que les apetezca y se rían hasta el fin de los tiempos de sus estúpidas bromas. A los demás, esos juegos no nos hacen gracia, no pertenecemos a esa subespecie, somos Italia, la tierra de Dante, de la poesía amatoria, de la música que consuela, anima nuestros cuerpos y eleva nuestros espíritus. Somos la patria del arte, así que vamos a dejarlo claro, para que se enteren hasta los embotados por el embrutecimiento. Os queremos, hombres, semejantes nuestros. Os llevaremos flores cuando salgáis a la calle para decir que no os comparen con ésos que hoy mandan y desgobiernan, que vosotros sois seres de presente y futuro, nuestros compañeros del alma, queridos compañeros.

Pilar del Río

«Uomini tocca a voi, ribellatevi a Berlusconi»
(L'Unitá

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Presentado en Albacete 'El último cuaderno', el libro póstumo de Saramago

Sábado, 05.03.11

Albacete ha acogido la visita de la periodista Pilar del Río, quien ha presentado en la Casa de la Cultura José Saramago ‘El último cuaderno’, el libro póstumo del nobel portugués. Un documento que, con prólogo del italiano Umberto Eco, recoge los textos que Saramago escribió de forma asidua en su blog personal:

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Segundo aniversario de la Casa de la Cultura José Saramago

Viernes, 04.03.11

fjsEsta tarde se conmemora en Albacete el segundo aniversario de la Casa de la Cultura que lleva el nombre de José Saramago, donde se presentará "El Último Cuaderno", con la presencia de Pilar del Río.

La Casa se inauguró en el año pasado con la presencia del ministro de Cultura, César Antonio Molina, que en la ocasión aseguró que el escritor y Premio Nobel de Literatura José Saramago es una "marca contundente del valor y la responsabilidad social y colectiva".

La Casa de la Cultura José Saramago se ubica en la confluencia de diversos barrios de Albacete. Se ha concebido como un espacio abierto, luminoso y moderno destinado a hacer de la cultura un servicio público.

El periódico La Verdad publica hoy una entrevista de Pilar del Río, que puede ser leída aqui:

«Si Saramago bajó la cabeza fue para besar»
(La Verdad)

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