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Saramago en su balsa

Domingo, 08.08.10

fjsEl viajero sube a la atalaya de la Torre del Homenaje del Castillo de Monterrei de Verín (Ourense), mira hacia el sur y contempla un valle más profundo que ancho, flanqueado por unos montes de mediana altura, poblados de pinos, que descienden hacia una llanura de viñedos y pastos. Entre los árboles podrá distinguir el curso del río Támega que se pierde en el horizonte hacia los confines del valle.

Si no es conocedor del lugar, el paisaje le parecerá un todo armónico sin saber dónde termina España y dónde comienza Portugal. Los que hemos vivido en la zona sabemos que, el agua en que nos bañábamos, sigue su curso y que más adelante se convertía en portuguesa y llegaba a juntarse con el río Douro, en Amarante.

Para mí era una parte de mi vida que nunca estuvo escindida en dos países. Allí pasé retazos de mi niñez y juventud, moviéndome en un entorno que nunca me puso barreras para sentirme en terreno propio. José Saramago nació y vivió su infancia y adolescencia en Azinhaga, cerca de Lisboa, en una zona pantanosa que la obra del hombre rescató de las aguas para convertirlas en tierras fértiles y productivas.

Su encuentro con España creo que se debió más al amor que depositó en Pilar que por afinidades ideológicas con sus correligionarios de aquí o por intercambio cultural. Pero a partir de ese momento, las vivencias compartidas borran por completo cualquier signo diferencial o identitario. El compromiso con los derechos humanos, con el cambio climático o de los derechos de los pueblos indígenas estaban siempre presentes en sus convicciones. Recuerdo con que emoción contó al auditorio la victoria, en el Tribunal Supremo de Brasil, de una comunidad de indígenas del Amazonas frente a los propósitos depredadores de varias empresas que amenazaban el entorno natural. Fue en Lanzarote, el año pasado, y allí tuve la oportunidad de hablar con él por ultima vez.

Como hombre apegado a la tierra no entendía la separación de lo que estaba unido geográficamente. Pero siempre alentó un sueño que algunos otros compartimos. La unidad cultural, política, económica y de expansión hacia el mundo latino que podían realizar, desde la Unión Europea, España y Portugal.

Uno de los personajes de su obra, La balsa de piedra, en un momento de su viaje hacia el norte, hacia Galicia, exclama, tierra y país, todo es lo mismo y su interlocutor le contesta que quizá podamos no conocer nuestro país pero conocemos nuestra tierra. La tierra, los sentimientos, la lengua semejante y, quizá mucho más de lo que pensamos. También nuestro pasado histórico, con una breve y desafortunada unidad, manejada por un rey y unos cortesanos empeñados en la soberbia de someter, más que en el afán de integrar y compartir.

Cuando los sentimientos son intensos y los deseos tienen el poder necesario, la fuerza mental que generan adquiere tal potencia que basta con un leve gesto para transformar la realidad. Como dijo Alejo Carpentier, "todo futuro es fabuloso". Lo mismo debía pensar Joana Carda, personaje de la obra de Saramago, cuando cogió una vara de negrillo para hendir la tierra y dar rienda suelta a los sueños. De repente, de forma inesperada y milagrosa, los Pirineos perdieron su asentamiento en la tierra y dejaron deslizarse hacia el sur al resto de la península Ibérica como una balsa de piedra que nunca estuvo a la deriva. Su destino era el otro lado del Atlántico. Allí encontró su asiento y floreció el portugués y el español. Visto desde el satélite los expertos no podían creer lo que estaba pasando. Un canal de agua se abría entre Fuenterrabía y Cerbere y algunos barcos manejados por osados timoneles no dudaron en aprovechar el atajo que les ofrecía el fenómeno de la naturaleza. Todo por una vara de negrillo manejada por un ser que concentró todo su esfuerzo mental en conseguir lo que parecía imposible.

El fenómeno no terminó con la escisión pirenaica. Nos quedaba el residuo de Gibraltar. Teníamos dos opciones, llevárnoslo con toda la masa escindida o volver a utilizar la vara de negrillo para convertirlo en una pequeña isla que buscaba desesperadamente navegar contracorriente y deslizarse hacia el norte para unirse definitivamente a la metrópoli británica. Su destino, como isla, estaba decidido, las corrientes harían el resto si es que le facilitaban el camino hacia la gran Isla.

José ha dejado sus cenizas en la Península, mezclada con la tierra de nuestros dos países que él unió amorosamente en vida, de forma natural y sencilla. Se me ocurre una inscripción para la lápida: "Serán ceniza, mas tendrá sentido, polvo serán, mas polvo enamorado" (Quevedo). Te imagino en una balsa partiendo hacia el infinito como en la escena final de la película de los Caballeros del rey Arturo. Lancelot (Lanzarote), el Caballero del Lago lanzó la flecha hacia la balsa para prender la hoguera de su último viaje. No será necesario que nadie ilumine tu trayecto. Tú eras la luz en medio de tanta ceguera. Muchas gracias por tu obra, por tu ejemplo y por tu vida. Así será más fácil soportar las miserias, los vacíos y las complicidades del presente.

José Antonio Martín Pallín es magistrado del Tribunal Supremo y comisionado de la Comisión Internacional de Juristas.

Fuente: elpaís.com

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publicado por Fundación Saramago

Saramago y Monsiváis

Jueves, 05.08.10

fjsEn una foto de marzo de 1998, tomada en San Cristóbal de las Casas y reproducida la semana pasada en La Jornada de México, aparecen José Saramago y Carlos Monsiváis. En otra de las fotos de esos días, aparece Saramago sentado al lado de dos miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con rostros cubiertos por pasamontañas.

No los unía solamente el hecho de ser escritores, sino el gesto de recordarnos que el 22 de diciembre de 1997, en Acteal, estado de Chiapas, fuerzas paramilitares habían masacrado a 45 indígenas tzotziles. Saramago conoció con este hecho espantoso el tamaño de la tragedia: 16 niños y adolescentes; 20 mujeres y 9 hombres adultos; 7 de ellas, embarazadas. Ese era el saldo dejado por la que parecía ser una muestra de terrorismo de Estado, presentada por la propaganda oficialista como consecuencia criminal de un supuesto conflicto étnico.

Acteal fue desde entonces, en palabras de José Saramago, “el lugar de la memoria que no puede, de ninguna manera, desaparecer; sabemos lo que ocurrió y no lo queremos olvidar”. Y no debió pensar otra cosa Monsiváis, el mexicano de la foto de 1998. Pertenecía a una generación de escritores e intelectuales que había vivido entre la cólera y la impotencia la matanza de la plaza de Las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968, magistralmente recreada en 1971 por su amiga Elena Poniatowska, la mujer que en las fotos de estos días aparece acompañando el féretro de Monsiváis.

Evoco esta circunstancia por un hecho azaroso: Saramago y Carlos Monsiváis murieron con una diferencia de dos días. El uno, en Ciudad de México, el otro, en su casa de Lanzarote (Islas Canarias). No los unía la literatura que escribieron. Monsiváis nunca escribió una novela. Los unía la manera como uno y otro vivían la dimensión ética y política del intelectual, una invención de finales del siglo XIX que no ha hecho naufragar todavía el cinismo neoconservador del siglo XXI.

Saramago hizo la proeza grande de llevar sus ideas a ficciones construidas como alegorías, pero sus ideas nunca fueron un estorbo en el momento de describir complejas conductas humanas. Es un Borges que pasea por la colonia penitenciaria de Kafka. Por eso sus libros nunca terminan al leer las últimas páginas. Continúan con las preguntas y dudas que suscitan en los lectores, y con el desconcierto que sentimos ante sus situaciones insólitas.

Un Jesucristo perturbadoramente humano; la Península Ibérica que se escinde de Europa y navega sin destino convertida en una inmensa balsa de piedra; la inexplicable epidemia de ceguera blanca y la ferocidad con que el poder la reduce a peligro colectivo; las trampas de la democracia y el terrorismo policial que se disfraza de recurso democrático, en fin…

Cada una de las novelas del portugués devuelve la literatura a la gran función clásica de interrogar al mundo y ofrecernos las más incómodas respuestas. Cada uno de los gestos públicos y causas sociales de este escritor de tardía celebridad tuvieron mucho que ver con el significado de esa fotografía, tomada al lado de uno de los escritores mexicanos más agudos, implacables, inclasificables y divertidos de nuestro idioma.

Monsiváis fue el gran cronista del México contemporáneo. Vivió deslumbrado con las culturas populares, que muchos “intelectuales” desdeñaban. Hizo del periodismo un género superior de la literatura, sin prescindir nunca del humor ni de una erudición que acumulaba en la “alta” y “baja” cultura. Desde la década de los 60, ‘Monsi’ tuvo la mirada del aguafiestas en medio de los fastos del poder. Y este fue otro de los rasgos simbólicos que hizo posible la foto de San Cristóbal de las Casas.

Óscar Collazos es escritor y periodista

Fotografía: María Luisa Severiano

Fuente: prodavinci.com

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El mundo entero es pobre sin José Saramago

Viernes, 25.06.10

Ante todo, expreso mis más sinceras condolencias a todos los seres queridos de José Saramago, y de manera especial a Pilar del Río y Violante Saramago. La pérdida de José Saramago no es un hecho puntual que atañe sólo a un círculo reducido de personas sino que es un evento universal que, de alguna manera, ha azotado el planeta.

José Saramago se ha ido y la Humanidad se ha quedado huérfana pero, sobre todo, nos hemos quedado huérfanos nosotros, los más débiles, los que luchamos día a día por sobrevivir, por llevarnos a la boca una migaja de libertad, por respirar aires de igualdad y respeto. Es por ello que José Saramago siempre estará con nosotros.

fjs

El espíritu de Saramago nos acompañará eternamente con su solidaridad incondicional y su apoyo libre y honesto, como lo hizo conmigo personalmente y, a través de mí, con todo el pueblo saharaui. Todavía recuerdo esa última aparición pública suya en el aeropuerto de Lanzarote, donde se estaba librando, una vez más, la eterna batalla del bien y del mal, del débil y del fuerte, del oprimido y del opresor.

Se presentó tranquilamente en la primera línea del frente y me saludó con dulces palabras y una muestra de empatía sin igual. No olvidaré jamás sus sabias palabras en esos aciagos y duros momentos con las que me aconsejaba “no te mueras, todavía te queda mucho que hacer y muchas batallas que librar”. Ahora, él se ha ido, pero está y estará presente en todas las batallas por la libertad, la igualdad y la justicia.

El legado de Saramago vivirá para siempre en la mente de miles de generaciones, pues es un compendio de amor a los valores humanos y de respeto al ser humano y su dignidad. Y como él mismo dijo, “si los seres humanos no resuelven los graves problemas que afectan el mundo, las condiciones de vida de la humanidad empeorarán”. Esperemos que el ser humano tome nota.

Hasta luego, Saramago, todos te queremos

Aminatou Haidar

fjs

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Odio teológico contra Saramago

Martes, 22.06.10

El artículo de 'L'Osservatore Romano' contra el fallecido Nobel portugués no despide más que una ira furiosa y vulgaridad. Lo único que consigue es delinear un proceso exactamente al estilo del Santo Oficio.

fjsJosé Saramago ha dejado la isla de Lanzarote. Sus restos mortales han ido a Portugal, donde serán incinerados después de la capilla ardiente. Una parte de sus cenizas regresará a la isla para ser sepultada al pie de un olivo". Las agencias de noticias que transmitían estas informaciones añadían otra más: el gran escritor desaparecido era objeto de un reconocimiento extraordinario, el ataque furioso del diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, tan dominado por la pulsión del anatema que daba salida a una prosa desquiciada y torcida. Pero ya se sabe que la caridad cristiana, en manos de la Iglesia jerárquica, puede hacer milagros.

Es evidente que las inolvidables novelas del Nobel portugués tienen la capacidad de absorber al lector "en cuerpo y alma", despiertan su espíritu crítico y, al mismo tiempo, las emociones y la fantasía, incluso ante temas sobre los que la Iglesia jerárquica pretende ejercer un monopolio vigilante, si el órgano oficial del presunto Vicario de Cristo en la Tierra ha sentido la necesidad irrefrenable de vomitar a tambor batiente un vade retro! de injurias incoherentes, con el cuerpo aún caliente, en vez del requiescat in pacem canónico.

Comienza con que "aunque haya fallecido a la respetable edad de 87 años, no podrá decirse de José Saramago que el destino le mantuvo con vida a toda costa", una expresión que tal vez pretende ser una utilización irónica de una frase de su novela Todos los nombres pero que, por el contrario, no despide más que odio y vulgaridad.

A continuación inicia el rosario de acusaciones contra sus novelas, su contenido, su estilo, todo: "La Historia con mayúscula en filigrana con la del pueblo" (solo faltaría, en alguien que era novelista y no historiador), "una estructura autoritaria totalmente sometida al autor, más que a la voz narradora" (a la "pluma" del Papa se le escapa que, independientemente de que el relato lo conduzca la voz narradora o el autor, "Madame Bovary c'est moi", como explicaba Flaubert y como sucede con cualquier escritor), "una técnica de diálogo completamente deudora de la oralidad" (no se sabe cuál es el problema, porque la fusión entre narración y oralidad es uno de los elementos estilísticos que hacen que las obras de Saramago sean memorables), "un intento imaginativo que no se molesta en encubrir con la fantasía la impronta ideológica de eterno marxista"; ya está, aquí estamos, eso es lo que saca de quicio al periódico del Papa. Y sobre todo, "un tono de inevitable apocalipsis con un presagio perturbador que pretende celebrar el fracaso de un Creador y su creación".

En resumen, la grandeza literaria es lo de menos. L'Osservatore Romano resulta patético cuando trata de reevaluar bajo el perfil de la creatividad una obra que hizo de José Saramago el mayor escritor vivo y lo único que consigue es delinear un proceso exactamente al estilo del Santo Oficio. Primera imputación: "respecto a la religión, dado que siempre tuvo la mente enganchada en una banalización desestabilizadora de lo sagrado (...), Saramago no dejó nunca de apoyar un descorazonador simplismo teológico". En italiano, lo primero que evoca siempre la palabra uncinata (enganchada) es la croce uncinata, la cruz gamada, una asonancia hitleriana, un lapsus con el que se perjudican a sí mismos, porque es un adjetivo que más valdría haber evitado en el periódico de un Papa que en su juventud lució la enseña de las Hitlerjugend. Pero cuando se es esclavo furioso del odio teológico ya no se controla lo que se dice.

Por otra parte, dado que la otra imagen que evoca uncinato es la de los ganchos en los que cuelgan los cuartos de la res los carniceros, las palabras "una mente uncinata da una banalizzazione", "una mente enganchada en una banalización", o las ha escrito un genio de la ficción barata, o las han firmado con tinta azul en cualquier gimnasio. Y ahora viene la pregunta: ¿el autor de la necrológica cristiana quiere decir que el cerebro de Saramago estaba desestabilizado por la banalización de lo sagrado (es decir, que estaba loco o era un gilipollas), o que dicha banalización, unida a su materialismo libertario, desestabilizaba la fe de los lectores? Porque, si se trata de este último caso, eso sería un elogio.

¿Y en qué consistiría el "descorazonador simplismo teológico" de que le acusa Claudio Toscani? En haber sostenido (la síntesis es de Carneade) que, "si Dios está en el origen de todo, Él es la causa de todo efecto y el efecto de toda causa" y, por consiguiente, por haberse enojado con "un Dios en el que nunca había creído, por Su omnipotencia, Su omnisciencia, Su omnividencia". Es decir, por haber ilustrado con un talento narrativo espectacular las antinomias de la teodicea, que los doctores de la Iglesia no han sabido nunca resolver pese a siglos de sutilezas teológicas y de agarrarse a clavos ardiendo. Además, Toscani, en su papel de filósofo improvisado, olvida que la característica de Dios que es incompatible con la omnipotencia no es la omnisciencia, sino la bondad y la justicia infinitas, vistos los horrores de los que está llena "Su" creación.

Pero la obra que hizo que las jerarquías de la Iglesia vertieran auténtica bilis, una bilis que aún perdura 20 años después, fue, por supuesto, El Evangelio según Jesucristo, "un desafío a las memorias del cristianismo del que no se sabe qué salvar". No lo sabe el amanuense del Papa, porque sí lo saben muy bien los millones de lectores apasionados y los historiadores del cristianismo primitivo, que dan por sentado que el profeta judío itinerante de Galilea llamado Jesús no se consideró jamás el Mesías (para una minoría, como mucho, "Cristo no sabe nada de Sí hasta cuando está a un paso de la cruz", precisamente lo que Toscani reprocha a Saramago), y que, en efecto, "María fue para él una madre ocasional", hasta el punto de que no sabemos nada de ella aparte de que opinaba que su hijo estaba "fuera de sí" (Marcos, 3:21). Cuando el paladín del Evangelio según Ratzinger concluye, con la lanza en ristre pero la prosa un poco retorcida, que "la esterilidad lógica, antes que teológica, de esos asuntos narrativos, no produce la deconstrucción ontológica buscada, sino que se enrosca en una parcialidad dialéctica tan evidente que es preciso negarle toda credibilidad", solo se puede decir: "de te fabula narratur".

Por otra parte, el odio teológico impide el respeto a la lógica e incluso a los hechos: como golpe final, L'Osservatore Romano reprocha al gran escritor que "un populista extremista como él, que se había hecho cargo del porqué de los males del mundo, debería haber vinculado el problema a las estructuras humanas pervertidas, desde las histórico-políticas hasta las histórico-económicas", exactamente lo que hizo Saramago, con su empeño inagotable "en nombre de los últimos", de los pobres, los marginados, que debería recordar algo a quien pretende predicar el Evangelio todos los domingos. El escritor llamaba a todo esto "comunismo", pero, como ha recordado Luis Sepúlveda, para Saramago, "ser comunista en el confuso siglo XXI" era sencillamente "una cuestión de ética frente a la historia", no era ideología sino entender "la solidaridad como algo unido al hecho de vivir. Nadie se había sacrificado tanto por tantas causas justas y en tan poco tiempo".

Filósofo y editor de la revista Micromega. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Fuente: elpaís.com

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Mensaje de una madre al embajador israelí en España

Miércoles, 09.06.10

Señor [Raphael] Schutz, embajador de Israel en España: soy la madre de David Segarra Soler [fotógrafo que iba en el convoy atacado por el Ejército israelí en aguas del Mediterráneo]. Son las cinco de la mañana del 2 de junio, amanece en Valencia y acabo de enterarme de la liberación de todos los secuestrados en territorio israelí, entre ellos, mi hijo. Debo confesarle que en estos momentos no siento ningún odio ni hacia usted ni hacia el Estado que representa, pero no por un motivo altruista, ni noble, ni religioso, sino por puro egoísmo: el odio destruye. Y un buen ejemplo de ello lo está dando su país al mundo, un país nacido del sentimiento de culpabilidad colectiva de una Europa cobarde que no supo defender a sus ciudadanos judíos de otro odio monstruoso y autodestructivo, el odio nazi. Parece, sin embargo, que la historia no le ha enseñado nada.

Israel está repitiendo las mismas pautas de odio, de muerte, de deshumanización del contrario, de ocupación de territorios, de construcción de muros y alambradas, de soberbia racial. La diferencia es que, ahora, las víctimas ya no llevan una estrella de David cosida en la ropa, ni el gueto está en Varsovia. Está en Gaza y Cisjordania. No quiero contarle el infierno personal por el que he transitado estos días; sería ridículo al lado del continuo y diario dolor de las madres palestinas. Yo soy una afortunada, pues mi hijo David vuelve sano y salvo. Ustedes le habrán podido destrozar su única arma letal, la cámara de vídeo. Pero lo que en su ciego odio olvidan es que los seres humanos tienen ojos, oídos, boca y memoria para contar al mundo todo el horror del que fueron testigos. Y contra eso, señor Schutz, toda su poderosa propaganda no puede hacer nada.

Viernes, 4 de junio del 2010
Cristina Soler Crespo (Valencia)

 

fjs

Ashdod, Israel 31 de Mayo 2010 - Un chico sostiene una pancarta frente a la playa en Ashdod en la que se lee 'Masacre en alta mar'. La policía mantiene una estrecha vigilancia.

Foto de Dan Halutz. Creative Commons.

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A la memoria de Cesar Manrique, humanista y creador inolvidable

Martes, 08.06.10

fjsComo miembro de una ONG activa desde hace 23 años, estoy convencida de que la defensa y el cuidado del ambiente no son patrimonio de ningún partido político. La pérdida de nuestro patrimonio ambiental, la falta de áreas verdes, la contaminación del agua y la escasez de la misma, la destrucción de los bosques y en general la destrucción del planeta que nos da sustento nos afecta a todos. Por eso, trabajar por la naturaleza es una tarea obligada, común y universal. Todos los partidos, la ciudadanía y por supuesto las autoridades, deben atender sin excusas ni pretextos la materia ambiental. De ahí nuestro interés de dar a conocer a la sociedad la propuesta que como grupo ambientalista hemos desarrollado para el municipio que queremos y habitamos. La planilla que encabeza Eduardo Rivera y el grupo de candidatos a regidores al cual yo pertenezco la hemos hecho nuestra, pero se las hacemos llegar a los demás partidos políticos con el afán de que, desde las posiciones a las que aspiramos los que competimos en esta elección, tengamos como una de nuestras tareas primordiales defender y cuidar el patrimonio ambiental en el que nos tocó vivir. En medio de estas campañas políticas controvertidas, mediáticas y difíciles, parecería que las propuestas son lo que menos importa. Nosotros creemos que es mejor ocuparse en construir soluciones y presentarlas a la sociedad. En especial creemos que el tema ambiental no puede seguir haciéndose a un lado. Como decía Cesar Manrique, pionero mundial de la defensa del medio ambiente, no hay excusas, no hay pretextos que valgan para la destrucción de nuestra armonía, de nuestro medio ambiente y de nuestra identidad. Todo gobierno, no importa de qué partido haya surgido, tiene la obligación de cuidar el medio ambiente, base del desarrollo de nuestras vidas. En nuestro país, esta es una obligación no solo moral sino constitucional y está expresamente señalada en el artículo cuarto de nuestra grundnorm. Siempre estamos oyendo pretextos, siempre estamos oyendo disculpas y somos testigos constantes del incumplimiento de la ley, de la no aplicación de las normas, de la falta de respeto al estado de derecho y de la corrupta manera de ejercer el poder público. Todo esto parece imposible de corregir. Nada más falso. Todo se puede corregir. Depende del entusiasmo, de tener una convicción firme entre las manos y una valiente y honrada decisión. Los verdaderos obstáculos son la apatía y la falta de valor. Apatía y falta de valor para enfrentar a las redes que defienden los intereses de unos cuantos en perjuicio de todos los demás. Los ciudadanos activos y comprometidos somos más y tenemos más fuerza que las mafias. Tenemos que dejar de vivir puertas adentro y salir a ocupar y defender los espacios que nos corresponden. ¿Podemos salvar lo que nos queda? ¿Podemos hacer nuestras ciudades y comunidades nuevamente amables y habitables? Por supuesto que sí ¡Por supuesto que sí!, solo hay que admitir que ha llegado el momento de detenernos a pensar para saber cómo y hacia dónde reorientar nuestro camino, guiados por una autoridad decente, decidida y convencida de que nuestro mundo es una isla de la que no podemos escapar hacia ningún lado. Por eso es momento de parar y de salvarla; es la hora de las pequeñas acciones de las que están hechas las grandes obras. La titánica tarea de legar un patrimonio natural para las futuras generaciones no es la excepción. Esa tarea empieza aquí, empieza ahora y es tuya, mía, de todos. ES TIEMPO DE PARAR....ES TIEMPO DE CAMBIAR...

5 de Junio de 2010, Día Mundial del Medio Ambiente

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